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Ellos Mueven los Hilos

Primero crearon Kazaa, el sucesor de Napster, y ahora pretenden transformar el negocio de la telefonía. Su arma es Skype, un revolucionario servicio de llamadas gratuitas por Internet.

SOL ESPLÉNDIDO SOBRE CANNES. Es febrero, el mar está en calma y las calles repletas de gente que entra y sale de las numerosas y coloridas boutiques. Ejecutivos de pelo cano pululan por doquier. Muchos hablan por un teléfono sin manos, con el tradicional cable colgando por delante de la cara… Este es un buen lugar para ser viejo, salvo que estés en el negocio de la telefonía. En esa industria billonaria, ser viejo equivale a estar muerto. Y muchos van a morir (literalmente) muy pronto, porque un gran cambio está a punto de suceder.

Los profetas de ese apocalipsis son dos tipos escandinavos. Uno de ellos mide 1’95 metros; el otro, 1’98. Niklas Zennström y Janus Friis han viajado a Francia como parte de su estrategia para desmantelar completamente el modo en que el planeta Tierra se comunica. Ya en el año 2000 este combo radical creó Kazaa, el famoso programa de intercambio de archivos que se cebó en la ya maltrecha industria musical. Con Skype, su nueva creación, sólo pretenden controlar todos los teléfonos del mundo. Armados de una juvenil energía, Friis y Zennström dividen su tiempo entre Londres, Luxemburgo y, sobre todo, Estonia, donde han desarrollado su revolucionario programa sin todo el rollo que se trae la gente de Silicon Valley (California), y donde han dado con el código para comunicar todo el planeta gratis.

RESULTA QUE LOS CREADORES de Skype tienen un misterioso encuentro con Y, y ya es la hora, así que, dejando el Ferrari rojo aparcado, nos internamos en un hotel de la playa. Nada más entrar, se tiene la sensación de que allí se mueve mucho dinero. Unos extraños se acercan. “Yo te vigilaré a ti”, dice uno. Detrás aparece Y, que resulta ser un trío de ejecutivos de Yahoo. ¡Acabáramos!

Las presentaciones van bien hasta que toca el turno de presentar al periodista. Entonces, el principal emisario de Yahoo reacciona como si una cuerda alrededor de su cuello se tensase de pronto. Porque, oficialmente, este encuentro no está teniendo lugar.

Es la primera noche del Congreso Mundial 3GSM, un encuentro anual de la industria de la telefonía móvil, y está claro quién es la niña bonita: la palabra más repetida es “Skype”, ya sea en tono despectivo o de alabanza.

En cristiano, Skype es una aplicación informática que permite hacer llamadas telefónicas a todo el mundo a través de Internet. No es el único programa que lo hace, ni tampoco el primero. Pero los que saben del tema están convencidos de que casi todas las llamadas telefónicas se harán muy pronto a través de la Red, incluidas las de móvil, y de que la pequeña (sólo tiene 140 empleados) Skype obligará a los gigantes de la telefonía a aceptar la nueva religión o a ser espectacularmente derrotados o ambas cosas. Las llamadas a través de Skype tienen la misma claridad que las normales y (aquí viene la gracia) son gratuitas.

Voice over Internet protocol (VoIP) (en castellano Protocolo de voz por Internet) separa la voz en pequeñas partes, las transmite como un correo electrónico y luego la reconstruye en destino. Todas las compañías grandes se han subido ya al carro de la VoIP, evitando así las tasas y las regulaciones que soportan los servicios de telefonía convencional. Algunos opinan incluso que Skype se convertirá, inevitablemente, en la Telefónica de la banda ancha.

Como I-Mate, grupo productor de PDAs (agendas electrónicas) y teléfonos móviles que, al igual que Motorola, ha firmado un acuerdo para dotar a todos sus terminales de Skype. Estamos en el yate que I-Mate ha alquilado durante todo el 3GSM. En una esquina, Friis y Zennström mantienen una discusión linguística:

”El danés es sueco barbarizado”, dice Zennström, que es de Suecia.

“Sí, claro, pero es que el sueco es un derivado del danés”, apunta Friis, que, cómo no, es de Dinamarca.

Sentados en un sofá de piel, parecen dos más entre el ejército de ejecutivos y nadie diría que son los artífices de una revolución (así se les ha considerado desde el año 2000, cuando su nombre empezó a sonar en los círculos de la tecnología).

CRECIERON DE UN MODO poco habitual: ¿quién no recuerda Napster, aquel programa de intercambio gratuito de música que finalmente fue derrotado por la industria musical? Una vez que Napster cayó, Kazaa tuvo pista libre para convertirse en el programa más descargado en la historia de Internet; en total, 390 millones de descargas, y tres billones de ficheros intercambiados al mes.

Con ese parque de usuarios (equivalente a la población total de Estados Unidos, y aún sobran 95 millones), la cosa podría haber sido más que suficiente. Pero no. Zennström (de 39 años, casado y sin hijos) y Friis (de 29 y soltero) no pudieron disfrutar del momento. En octubre de 2001, los miembros de la Motion Picture Association of America y de la Recording Industry Association of America demandaron a Kazaa, alegando que la compañía facilitaba el robo directo de material con derechos de autor. Zennström y Friis reaccionaron tímidamente y basaron su defensa en el libre intercambio de canciones entre adultos responsables y en ciertos acuerdos de licencia que, dijeron, estaban a punto de conseguir. Por seguridad, no han pisado Estados Unidos desde 2002. No en vano, en otoño de 2003 Zennström y su mujer se vieron perseguidos en Londres por un motorista, citación judicial en mano.

Visto el patio, Zennström y Friis decidieron vender Kazaa a una empresa australiana por un millón de dólares y emigrar a Europa del Este para trabajar en una nueva bomba con otro grupo de programadores.

La pareja escandinava lleva la antorcha de la tecnología disruptiva (aquella que revoluciona los mercados al ser significativamente más barata), corriente que genera tantos héroes como villanos.

“DICEN ALGUNOS QUE DISRUPTOR es sinónimo de anarquista”, se queja Zennström; “esto es, alguien que destruye cosas de valor por el simple placer de destruirlas, porque cree que deberían ser libres. Pero lo cierto”, continúa, “es que, la mayoría de las veces, la tecnología disruptiva es lo que favorece la evolución. El PC fue, en sus orígenes, una tecnología disruptiva. Y el ferrocarril. Y el avión. eBay y Amazon son empresas disruptivas…”

Para Zennström, hijo de profesores, todo cambió tras un programa de intercambio que le llevó a la Universidad de Michigan, donde estudió empresariales e ingeniería, entre partido y partido de fútbol.

Friis da más el perfil de disruptor: dejó el instituto de su Copenhague natal a los 16 años para irse a la India. Al volver de Bombay, se presentó a un puesto de trabajo a distancia para una compañía sueca. El anuncio lo había puesto Zennström.

Durante varios años, Zennström contó con Friis para abordar diversos proyectos en Amsterdam y Luxemburgo. Por fin, en 1999 renunciaron a sus respectivos sueldos y comenzaron a trabajar a tiempo completo en lo que sería Kazaa (nombre que tomaron de un restaurante, por cierto).

El nombre de Skype no tiene, por el contrario, referentes reales. Al principio, Friis y Zennström pensaron en bautizar su creación como Skyper, pero ese era ya el nombre de una empresa alemana, así que le quitaron la última letra, convirtiendo el nombre en verbo. “Queremos que sea un sinónimo de telefonía por Internet”, dice Zennström; “que la gente diga: ‘Luego te hago un Skype”.

BASTA CON ECHAR un vistazo a sus cifras actuales (150.000 copias de Skype descargadas cada día, 140 millones en total desde el primer día, 44 millones de usuarios en todo el mundo…) para comprobar que, sólo dos años después de abrir el negocio, el sueño de convertirse en “la empresa global de telefonía” podría hacerse realidad.

Desde que hace 129 años Graham Bell consiguió transmitir la voz a distancia, el mayor avance en la industria de la telefonía se produjo en los años 50, al pasar de la tecnología analógica a la digital. El siguiente paso tendrá mayores consecuencias aún si cabe: si llamar por teléfono se convierte en otro servicio gratuito de Internet, como el correo electrónico, entonces, como predice Zennström, los actuales gigantes de la telefonía tendrán que limitarse a ser proveedores de Internet de banda ancha, dejando a Skype el trabajo de conectar las llamadas. Y todo eso está muy bien, pero ¿dónde está el dinero?

Si una llamada va de un usuario de Skype a otro, es gratuita. Si llamas a un número que no es usuario de Skype, o si un no usuario de Skype te llama, entonces pagas alrededor de dos o tres céntimos por minuto. Skype ofrece además servicios premium, como el correo de voz, que han generado 18 millones desde julio de 2004. Por lo demás, no se publicita y no tiene departamento de administración, ya que todos los servicios son prepago. Así, para ser rentable le basta con que un 5% de los usuarios contrate algún servicio.

La única pega es que hay que encender el ordenador para usarlo. Pero es tan fácil que cualquiera puede darse de alta y hablar en apenas diez minutos.

COMO RESULTADO DE TODO lo anterior, Skype está siendo tan vigilado por los gigantes de la telefonía como lo fue en su día Kazaa por las industrias musical y cinematográfica. Es por eso también que los grandes nombres de Internet (Yahoo, Google…) se reunen una y otra vez con Friis y Zennström (finalmente fue eBay la que se llevó el gato al agua; ver despiece). “A estas empresas les cuesta mucho trabajo tomar decisiones, pero cuando por fin las toman, lo hacen con mucha fuerza”, opina Friis. “Si Yahoo hubiese lanzado un programa como Skype hace un año, nos hubiesen machacado. Entonces sólo teníamos 15.000 peticiones al día; ahora tenemos 150.000. Pasó lo mismo con Kazaa. Ahora mismo es una bola imposible de parar”.

Con Skype autopropulsado, sus creadores intentan aprovechar (esta vez sí) el momento. No piensan desvelar aún su próximo proyecto; sólo aseguran que está casi terminado y que será también P2P (la tecnología que permite a dos ordenadores comunicarse sin necesidad de pasar por un servidor central, creada para Kazaa y base también de Skype). “Es la única pista que puedo dar,” ríe Friis.